El acoso a Andrés Ollero

El acoso a Andrés Ollero

“La insistencia en la adscripción católica del magistrado –como supuesto factor inhabilitador- confirma que, cada vez más, se trata a los creyentes como ciudadanos de segunda”.

REDACCIÓN HO.- El profesor Francisco J. Contreras escribía esta semana un artículo en la edición sevillana de ABC denunciando la campaña orquestada contra Andrés Ollero, miembro del TC al que, al parecer, sus creencias le impedirían según algunos redactar la ponencia sobre el recurso del PP contra la ley del aborto.

Este es el texto escrito al respecto por Francisco J. Contreras:

“Al trascender que será Andrés Ollero el encargado de redactar la ponencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso contra la ley del aborto, se ha desencadenado una tormenta de declaraciones en la que dirigentes de PSOE, IU y grupos feministas exigen que el nuevo magistrado se inhiba. Alegan para ello dos razones: sus conocidas opiniones antiabortistas (que le impedirían “ser imparcial”), y su pertenencia al Opus Dei.

Ya hace unas semanas, el líder socialista Tomás Gómez había propuesto (cita textual) “elevar a rango de ley que personas que pertenezcan a pseudosectas como el Opus Dei no puedan ocupar responsabilidades públicas”.

Propongo al PSOE un método de acreditada eficacia, ya utilizado en los años 30 para proteger a la sociedad de la peligrosa influencia de otra “pseudosecta”: se cose a la vestimenta una estrella amarilla (en este caso, podría ser una efigie de Escrivá de Balaguer), y así ya no podrá colarse ningún sectario más en el Tribunal Constitucional. Y a los antiabortistas que no somos del Opus, nos podrían coser la imagen de un feto. Unos y otros deberíamos ser excluidos de cualquier posición pública (diputados, médicos, docentes…) donde se debata sobre el aborto. Pues, está claro, “no somos imparciales”.

Ollero no puede ser imparcial, aducen los críticos, porque son conocidas sus opiniones sobre el tema. ¿De verdad creen que los demás miembros del TC carecen de opinión sobre el aborto, la hayan expresado por escrito o no?

El del aborto es uno de los grandes debates morales de nuestro tiempo: toda persona mínimamente cultivada tiene una posición al respecto. Pero la izquierda está tan segura de su hegemonía cultural que se autoinviste árbitro de la racionalidad, reservando la denominación de “opiniones” sólo para las distintas de las suyas.

La derecha tiene “opiniones” (casi siempre “extremas”, “prejuiciosas”, “propias de ayatolás”: los tres calificativos han salido a relucir estos días en los ataques a Ollero). Las tesis de la izquierda, en cambio, no son opiniones, sino “derechos”, “avances sociales” y “exigencias de justicia”.

La insistencia en la adscripción católica del magistrado –como supuesto factor inhabilitador- me parece especialmente inquietante, pues confirma que, cada vez más, se trata a los creyentes como ciudadanos de segunda. El corolario implícito es: “Ollero va a fallar contra la ley del aborto porque es católico; estará, por tanto, imponiendo su fe a los demás”.

Quien dice esto olvida que también él/ella tiene una “fe” (es decir, una cosmovisión, unas creencias sobre el sentido de la vida), y que su posición sobre el aborto estará tan influida por sus convicciones materialistas como lo puedan estar las del creyente religioso por sus creencias teístas.

Más importante: el bando abortista plantea las cosas como si sólo fuera posible discrepar del aborto libre en base a dogmas de fe (es decir, a “supersticiones”). Sin embargo, desafío a quien quiera a que encuentre un solo argumento religioso en las muchas páginas que el profesor Ollero ha escrito sobre el tema: una sola cita evangélica, una sola encíclica.

Sí encontrará, en cambio, consideraciones racionales –comprensibles por cualquiera, con independencia de cuál sea su posición religiosa- sobre la problemática constitucionalidad del aborto libre en un país cuya Constitución proclama que “todos tienen derecho a la vida”. Argumentos jurídicos, filosóficos y científicos sobre por qué debe entenderse que este “todos” no puede sino abarcar a todos los miembros de la especie humana, incluidos los pequeñitos que dependen provisionalmente del organismo materno (¿desde cuándo el tamaño o el estado de dependencia excluyen a alguien de la especie?; ¿es menos humano un bebé que un baloncestista, o un tetrapléjico que Usain Bolt?).

Sí, es cierto que la Iglesia condena el aborto. También condena los atentados con bomba y la violación. ¿No deberían nuestros laicistas proponer la legalización de ambas cosas (si de lo que se trata es de desmarcarse a toda costa de la doctrina católica)? ¿Qué culpa tiene la Iglesia de proponer una moral razonable? Si tuviéramos que excluir de nuestras leyes todos los preceptos morales que históricamente tuvieron un origen religioso, ¿qué quedaría de ellas?

Andrés Ollero es un iusfilósofo de renombre internacional, con libros traducidos a varios idiomas. Es también un experto en jurisprudencia constitucional, como demuestran sus publicaciones. Y es un jurista serio que –a diferencia de tanto “progresista” avezado en el “uso alternativo del Derecho”- sabe distinguir entre lo que la ley dice efectivamente y lo que a él le gustaría que dijera.

Se está intentando reeditar el caso Buttiglione (rechazo a un candidato italiano –técnicamente muy competente- a la Comisión Europea, en 2005, exclusivamente por su condición de católico). Si el intento triunfa, tendríamos la confirmación definitiva de que la izquierda tiene en España el monopolio de la definición de lo decente, lo razonable, lo admisible y lo inadmisible. Y de que todos los demás sobramos.”

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Yo, pregunto, y los que ellos propondrían, ¿Serían imparciales?
En el tema del aborto todos tenemos una opinión, a favor o en contra, con más o menos matices, sobre todo en la primera de esas posturas. La neutralidad en ese tema es imposible. Si alguien se declara neutral, o miente, o está admitiendo que no conoce el tema como para tener una opinión. Por tanto, ningún Magistrado del TC, según el razonamiento de los detractores del señor Ollero, debería poder pronunciarse sobre la constitucionalidad de la Ley del Aborto. Todos tendrán una opinión propia, y la habrán hecho pública en algún momento. Por tanto, todos son parciales, en un sentido o en otro, y o todos pueden conocer del caso, o ninguno puede (el argumento de neutralidad no es válido en este caso: dada su cualificación, no pueden desconocer el tema del aborto, ante el que es imposible ser ideológicamente neutral). Por otra parte, el señor Ollero sólo tiene un voto con el mismo valor que sus colegas, salvo, en caso de empate, el voto dirimente del Presidente del TC (que no es él, sino Pascual Sala). Como ponente, le corresponderá redactar la sentencia si su voto coincide con la mayoría de los votos de sus compañeros, pues en otro caso se tendrá que recusar. Pero es que, además, el Magistrado Ponente, sea quien sea, no puede hacer, al redactar la sentencia, otra cosa que recoger los antecedentes de hecho considerados probados por él o ella y sus compañeros, los fundamentos de derecho considerados igualmente por ellos mismos y el correspondiente fallo basándose en dichos contenidos, incluyendo los votos discrepantes con sus argumentaciones correspondientes. Nada más, y nada menos. El Magistrado Ponente estudia el caso, delibera y vota como uno más, y redacta la sentencia según las deliberaciones y votos de todos los Magistrados que hayan conocido en igualdad del asunto que se juzga. No puede añadir a la sentencia nada de su cosecha que no haya hecho público en la previa deliberación y votación. Redactar la sentencia, en este caso,equivale a levantar acta de lo que han dicho él y sus compañeros, y no puede salirse de ahí ni, por supuesto, omitir los razonamientos jurídicos de sus colegas que discrepen de su voto, voto que, además, debe coincidir con el de la mayoría de Magistrados. Todo esto lo saben, o deben saberlo, los hipócritas que están mareando la perdiz. Es una polémica artificiosa y sin ninguna razón de ser, más allá de la demagogia pura y dura.

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