El Gran Duque Henri, ejemplo valiente de coherencia ante la eutanasia

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El Gobierno de Luxemburgo anuncia que reducirá sus poderes al negarse a sancionar la despenalización de la eutanasia, pero según un experto, tras la postura del Monarca esto no garantiza ya la aprobación del proyecto de ley, al que se llegó por escaso margen y que requiere ahora una compleja reforma Constitucional.

REDACCIÓN HO.-  Después de que el Gran Duque Henri I comunicara en un discurso su decisión de no sancionar la ley que legaliza la eutanasia en Luxemburgo -último paso necesario para su aprobación, como sucede también en España-, el Gobierno del pequeño Estado europeo decidió ayer que iniciará un proceso legal para modificar la Constitución, con el objetivo de reducir los poderes conferidos a la monarquía.

Todo un ejemplo de coherencia personal la del Monarca, que ha alegado el conflicto moral que le supone la ratificación de la ley, frente a todo lo que rodea al proyecto: así, curiosamente, quien promoverá la reducción de competencias del Gran Duque será el primer ministro Jean-Claude Juncker, cuyo partido, el socialcristiano, se opuso durante la votación a la polémica ley. Además está el hecho de que ésta salió adelante en el Parlamento por un estrecho margen de votos.

En palabras de Juncker, se tomará la medida para evitar "evitar una crisis institucional". No obstante, la reforma suprimirá "el término 'sancionar' en el artículo 34 de la Constitución y reemplazarlo por el término 'promulgar', lo que quiere decir solo promulgar leyes para que entren en vigencia".

La rebaja de poderes no garantiza la legislación de eutanasia

La decisión del Gobierno luxemburgués de modificar la Constitución para rebajar los poderes del gran duque no garantiza la adopción del proyecto de ley para despenalizar la eutanasia, debido a la complejidad legal del asunto, ha indicado a  la agencia EFE un experto legal: El proyecto de ley debe ser adoptado antes del 31 de diciembre, pero es improbable que el Gobierno consiga aprobar la adaptación de la Constitución antes de este plazo y tampoco es seguro que el texto sea aprobado en segunda lectura en la Cámara, afirma el politólogo Philippe Poirier, de la Universidad de Luxemburgo.

Juncker explicó en una declaración institucional que se suprimirá el término "sancionar" del artículo 34 de su Constitución, y se reemplazará por "promulgar", lo que significará que el gran duque sólo firmará las leyes para que entren en vigor, al mismo tiempo que "se respeta su opinión". Sin embargo, el Gobierno "tiene ahora que decidir si primero adaptará la Constitución o si primero se votará el proyecto de ley", explica Poirier.

"En el caso de que se decida en primer lugar modificar la Constitución, "veo muy difícil que en menos de dos semanas y media, antes de las vacaciones, se consiga aprobar un cambio constitucional concreto", afirma Poirier. En el  caso de que primero se celebrará la votación del proyecto y de que sea aprobado, "la ley permanecerá en suspensión hasta que se concluya la reforma de la Constitución para que pueda ser promulgada", añade.

El pasado febrero, el proyecto de ley fue aprobado por la Cámara Legislativa en primera lectura con una mayoría muy escasa de 30 votos a favor, 26 en contra y 4 abstenciones. A continuación, el Consejo de Estado pidió que el texto se reenvíe a la Comisión de Sanidad del Parlamento para que lo modificara a fin de satisfacer ciertos requisitos sobre los cuidados paliativos. Por la limitada mayoría en la primera lectura, "no se puede dar por hecho que el nuevo texto sea también aprobado en su segunda lectura", destaca Poirier.

Balduino I, el precedente belga

A la memoria de todos acude ahora lo vivido en Bélgica, donde se dio en 1990 un precedente similar cuando el fallecido Rey Balduino I renunció a sus prerrogativas constitucionales, para no tener que firmar una ley sobre el aborto. Se decidió entonces a  que dejara sus funciones durante día y medio, para que no tuviera que sancionar la ley ni tampoco abandonar la Corona, a la que estuvo dispuesto a renunciar antes de traicionar sus más firmes convicciones. Cuando, en 2005, se le preguntó al Rey Juan Carlos si haría algo similar ante la ley del matrimonio homosexual, el monarca dijo que él es el Rey de España, "no el de Bélgica". Ya se había visto antes, cuando no se opuso a sancionar la ley de despenalización del aborto.