Hombres maltratados: ¡no más discriminación!

SR. MINISTRO DE JUSTICIA: TODOS SOMOS IGUALES ANTE LOS MALOS TRATOS

 

Hombres maltratados: ¡no más discriminación!

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Hombres maltratados: ¡no más discriminación!

Éste es el testimonio de un hombre víctima de palizas, golpes y humillaciones.

Se llama Bernardo, y ha callado durante 18 largos años las agresiones de su esposa.

Su caso no ha salido en los periódicos. No ha encontrado apoyo en ningún representante político. Ni siquiera le han atendido en el 016. Por ser hombre.

Lejos de caer derrotado por el dolor, ha querido dar un paso adelante y contarnos su historia, porque quiere ayudar a otros hombres en su situación. Bernardo pide al Ministro de Justicia que la violencia contra los hombres en el ámbito doméstico tenga el mismo trato jurídico que la que se ejerce contra la mujer, y que ambas por igual estén incluidas en la Ley contra la Violencia de Género. ¿Puedes ayudarle con tu firma?

Este es su testimonio:

"La verdad es que no sé por dónde empezar. Esto es muy duro de contar.

Hará unos 18 años, algo comenzó a cambiar en mi relación con mi esposa. Ya estábamos casados, sin hijos, teníamos trabajo, no pasábamos apuros.

Cierto día, tras una discusión tonta, me soltó la primera bofetada. En aquel momento me quedé bloqueado. No supe reaccionar. Supongo que esperaba que me pidiera perdón, que habría perdido los nervios. Pero el perdón nunca llegó, y yo cometí el gran error de mi vida: dejarlo pasar.

Las agresiones volvieron a repetirse. En cada pelea se le iba la mano, y yo callaba por miedo y por vergüenza. No quería que se enterara nadie, pero las voces los gritos iban en aumento, ya no se cortaba, y claro, los vecinos se enteraban de todo. Tenía la habilidad de tergiversarlo todo, especialmente delante de familiares y amigos.

Un día me sacudió tan fuerte que me dejó ambos ojos amoratados. Para ocultarlo, ella misma me maquilló. Aquel día me fui al trabajo deshecho, estoy seguro de que mis compañeros se dieron cuenta de lo ocurrido.

¿Por qué no la denuncié entonces? No lo sé, aún me lo pregunto muchas veces. El caso es que me acostumbré a vivir atemorizado, pensando que tal vez algún día recapacitaría y todo volvería a ser normal.

Así, el tiempo transcurrió alterando fases más llevaderas con otras cada vez más violentas. Muchas veces tuve que irme de casa de noche, en pleno mes de febrero, y dormir en el coche para evitar sus golpes.

Cuando me decidí a proponerle el divorcio, la situación empeoró. Me tuvo cuatro días sin salir de casa, secuestrado. Me quitó las llaves y el teléfono.

Una noche, mientras me agredía, me incitaba a que le devolviera los golpes, diciéndome que llamaría al 016 y me meterían en la cárcel. Estas frases aún las tengo bien presentes.

Llamé al 112 y se personó en casa la policía, que nos interrogó por separado.  A ella se la llevaron a la comisaría esposada y a mí al hospital, donde me hice “famoso” por ser el único hombre que denunciaba a su mujer.

En mi parte médico se habla de contusiones, policontusiones, hematomas múltiples en brazos, tórax, zona facial, mordeduras en ambos antebrazos, hematomas por todo el cuerpo.

Hoy sigo pendiente de una sentencia de divorcio por parte de un juez que, sin tener en cuenta estos antecedentes, quiere obligarme a que me vaya de mi propia casa para dejársela a ella.

Me pregunto que habría pasado si en vez de ser un hombre maltratado hubiese sido una mujer maltratada.

Por eso quiero que mi caso sea considerado violencia de género, no doméstica. Soy una víctima de malos tratos. La violencia es violencia siempre.

Por favor, ayudadme a cambiar la ley de violencia de género. ¡Todos somos iguales!

Bernardo".

El caso de Bernardo, como el de tantos otros hombres maltratados, no encuentra el mismo acomodo en la justicia que el de las mujeres que son víctimas de esta lacra. El dato es revelador: en lo que va de año, 29 hombres han perdido la vida a manos de sus parejas.

La Ley integral contra la violencia de género excluye a los hombres, porque entiende que este tipo de violencia se ejerce contra la mujer por el mero hecho de serlo.

Una aberración jurídica que rompe el principio de igualdad establecido en el art. 14 de la Constitución Española, que segrega, discrimina a las víctimas y relativiza el concepto de violencia según sea el género de quien la sufre.

En el fondo, el fin que persigue esta ley desde su promulgación, compartido por las feministas radicales y los sectores llamados “progresistas”, es puramente ideológico: acabar con el modelo patriarcal imperante presentando la violencia contra las mujeres como el arma de dominio masculino para mantener la primacía social. Como si la violencia contra la mujer fuera una condición inherente a la naturaleza masculina y la única manera de evitarla fuera someter al hombre.

El caso de Bernardo pone de manifiesto un drama social que permanece ignorado por las leyes y silenciado por la sociedad. Con el agravante de que la vergüenza se apodera de las víctimas, que prefieren callar a denunciar.

Ayuda a Bernardo. Ayuda a los hombres que soportan en silencio la violencia de sus parejas. Pide al ministro de Justicia que la violencia vuelva a ser considerada, siempre y en cualquier caso, violencia, y no el concepto jurídico interpretable que es hoy. 

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La violencia de género también la sufren hombres

Sr. Catalá, ministro de Justicia:

 

La discriminación judicial que sufren los hombres víctimas de violencia por parte de sus parejas con respecto a las mujeres que la padecen no sólo vulnera el principio de igualdad que recoge el artículo 14 de la Constitución Española. También condena a las víctimas masculinas a vivir en silencio agresiones físicas y verbales, amenazas y humillaciones.

 

Es discriminatorio que a los hombres se les castigue con una pena superior que a las mujeres por el mismo delito de violencia sexista, y lo es también que los hombres víctimas estén excluidos de la Ley integral contra la Violencia de género, por el mero hecho de ser hombres.

 

Le ruego, acabe con esta discriminación positiva y haga lo posible para que la violencia contra los hombres en el ámbito doméstico tenga el mismo trato jurídico que la que se ejerce contra la mujer, y que ambas por igual estén incluidas en la Ley contra la Violencia de Género.

Atentamente,
[Tu nombre]

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