“La vida es un milagro demasiado vulnerable y sagrado como para esclavizarla a las emociones”

“La vida es un milagro demasiado vulnerable y sagrado como para esclavizarla a las emociones”

“Desde la soberbia de considerarnos por encima del bien y del mal generamos vida en un laboratorio y acabamos con la vida incipiente en cualquier abortorio”, denuncia Miguel Aranguren. Pero, como en su última novela, El arca de la isla, hay esperanza si hay acción: “Se puede y se debe luchar por un mundo mejor”.

Miguel Aranguren (1970) celebrado escritor, es conocido también por su intensa y polifacética capacidad artística: acuarelas y acrílicos, esculturas, apuntes taurinos, chistes..., por no hablar de su celebrada iniciativa Excelencia Literaria. En esta entrevista nos centramos en su última novela, El Arca de isla (@Elarcadelaisla), un relato que nos habla de la vida, la libertad, la participación, el compromiso y la ética; porque como dice Aranguren, vivir ”no es rutina, sino una constante y sorpresiva aventura”, que cuánto más apasionante es si, “jugándose el prestigio, la fama, el tiempo y hasta el dinero”, se compromete en mejorar nuestro entorno. Celebrada obra, El arca de la isla ha sido seleccionado por Librerías Troa para el I Premio de Libros con Valores. Tenemos de plazo hasta el 31 de marzo para votar por ella. Para apoyarla, pincha en el siguiente enlace:

 

 

Con el ‘El Arca de la isla’ vuelve a sorprendernos como autor imposible de encasillar: si La sangre del Pelícano nos hacia vivir el género policiaco,  o La hija del ministro una historia de corte romántico, ahora nos sorprende con una novela de aventuras trepidante, que no da tregua al lector… ¿Qué motiva esta variedad de registros?

"La vida no es rutina, sino una constante y sorpresiva aventura"Tal vez que tome mi carrera literaria como un continuado reto con el que quiero sorprenderme a mí mismo para, acto seguido, poder sorprender a mis lectores. Sería demasiado cómodo dejarme atrapar por las ventajas de convertirme en un autor de “género”. Conviene tener presente que la literatura es una dedicación artística para la que conviene vivir en una tensión casi constante. Por eso busco nuevos riesgos, enfrentarme a personajes y escenarios que nunca había llegado a considerar. Por otra parte, los elegidos para “El arca de la isla” cumplen todos los requisitos de lo que deseaba contar: un adolescente que nos demuestra que la vida no es rutina, sino una constante y sorpresiva aventura; un hombre que encarna toda la maldad de los regímenes autoritarios; un cazador que busca, sin saberlo, un camino de redención; unos seres híbridos que nos hacen recapacitar acerca de la licitud de ciertas prácticas médicas y científicas; un paisaje cambiante, auténtico regalo de la Naturaleza, que  nos habla del regalo inmenso de la vida, etc.

No obstante, sí descubrimos que, sea cual fuere la temática o ritmo predominante, no falta nunca une elemento apego a la realidad, a través por ejemplo de las referencias históricas, en este caso, el desmoronamiento del bloque soviético. Parece transmitirnos que, además de lectores, somos protagonistas de esta otra historia, la nuestra, la que vivimos…

Es que el lector -y este es uno de los empeños de mi carrera literaria- debe aprender a mirar la vida como una novela. Usted, yo, todo el mundo que pueda leer esta entrevista, somos protagonistas de una historia irrepetible, reflejo de que no hubo, hay ni habrá un ser humano igual que cualquiera de nosotros. Somos únicos, irrepetibles, y por eso merece la pena jugarse el todo por el todo con tal de convertir nuestro paso por la tierra en una epopeya que merezca la pena transmitir a los demás. Por esa razón, por ejemplo, me descubro ante HazteOir.org y sus iniciativas: dentro de unas décadas habrá más de un adolescente que agradecerá a alguno de sus abuelos, la apuesta que hoy están haciendo -jugándose el prestigio, la fama, el tiempo y hasta el dinero...- por mejorar la dignidad de los más débiles y el futuro de nuestro país. Vivir así merece la pena, a pesar de que nos toque pasar momentos duros. Sería dramático pasar los días sin que mejore nada en nuestro entorno.

Respecto a la presencia del bloque soviético en “El arca de la isla”, quise recuperar los días de la caída del Muro de Berlín, una historia reciente que ha sido crucial en la configuración del mundo actual. Todos celebramos aquellos días, pero nos faltó realizar un profundo examen de conciencia acerca del silencio de Europa durante tantas décadas: nuestros conciudadanos del Este vivieron sometidos al brutal comunismo, pero en la Europa libre no hacíamos nada por denunciarlo y, menos aún, por ayudarles. ¡Qué vergüenza! Los países comunistas parecían invisibles frente a nuestro bienestar y al logro de beneficiosas políticas sociales. Sólo la voz de Juan Pablo II fue capaz de mover las conciencias en un cambio que -frente a cualquier previsión- logró derrotar al monstruo sin derramamiento de sangre.

En concreto, en El Arca de la isla, ¿por qué este tiempo concreto del derrumbamiento soviético, o el reconocible del África de la segunda mitad del siglo XX?

"Leer 'El arca de la isla' significa aceptar que hay aventuras escritas para nosotros"La URSS utilizó todas las garras del terror para extender su sistema de control sobre millones de personas. Además, tenían que buscar la primacía bélica frente al riesgo cierto de la fuerza militar de los países de la OTAN, con bases tan cercanas a sus fronteras. Sin ninguna fuerza que regulara sus métodos: quién podría asegurarnos que los ejércitos comunistas no utilizaron a la población civil como “conejillos de indias” en todo tipo de experimentos, incluso biotecnológicos. Conocemos las aberraciones científicas que se hicieron al socaire nazi en los años cuarenta, pero no está de más sospechar que en el mundo comunista hubo laboratorios en los que se ejecutaron toda suerte de experimentos ajenos, por completo, a la dignidad de quienes hicieran de “hombres de prueba”.

Lo de África es distinto. A pesar de la barbarie de tantas dictaduras bananeras, muchas de ellas alineadas desde la descolonización a uno u otro bloque, la fuerza de su naturaleza y la alegría de su población convierten al continente en el mejor escenario para una aventura de corte romántico. Tengamos en cuenta que en el mundo quedan pocos lugares que no estén constantemente registrados por una cámara, y esos lugares están en África, en donde aún hoy es posible vivir aventuras de primera magnitud. Por estos motivos Telmo, uno de los protagonistas de “El arca de la isla”, se mueve con tanta libertad entre los paisajes sin límites y la fauna salvaje.

Destaca también en la narración la variedad de escenarios: un personaje viaja desde una base secreta en Siberia al continente africano, o se traslada a una isla en medio del Atlántico…  Esto, haciendo primar la aventura y el suspense ¿Qué aportan estos recursos?

Cada día estoy más convencido de que si leemos novela lo hacemos porque necesitamos experimentar otras vidas. Es decir, sin darse del todo cuenta, el lector se viste con la piel de los personajes de sus novelas, sufre y ama con ellos, viaja por el mapa casi infinito de la irrealidad. Por eso me gustan las historias en las que se mezclan las tramas y los escenarios. ¿Qué relación pueden tener una base militar secreta en la tundra siberiana con una isla perdida en mitad del Atlántico africano? He ahí la magia de escribir: en las páginas de una novela todo es posible porque no existen los límites geográficos ni temporales. De tal forma que leer una  novela, leer “El arca de la isla” significa aceptar que hay aventuras escritas para nosotros: para usted, para mí, para cualquiera de los lectores de esta entrevista.

Aparte de ofrecérsenos como autor, se acerca al lector desde la pintura, otra de sus celebradas facetas, ilustrando usted mismo la obra… ¿Cómo aborda este otro método de comunicación artística, y qué le ha animado a combinarlo con la escritura en esta novela?

Me gusta cómo plantea la pregunta, porque para mí dibujar y pintar son también caminos de comunicación, de transmisión de emociones. Por otro lado, para escribir “El arca de la isla” tuve que vivir una temporada en un parque zoológico, ya que los animales salvajes tienen un protagonismo especial en la trama. Muchos de esos animales los he contemplado en libertad durante mis viajes a África, pero necesitaba conocer cómo se adaptan a la cautividad, cómo se les alimenta, cómo se les maneja desde el peligro cierto de su fiereza, cómo son los programas de intercambio y reproducción de las especies, cómo entienden la dignidad humana las personas que trabajan con la fauna... Además de preguntar y preguntar a los responsables del zoo, de tomar mis notas, de practicar algunos de sus oficios (desde limpiar una jaula a ejercer brevemente como cetrero), aproveché para dibujar aquellos ejemplares que me cautivaron porque, quién duda, la belleza que atesora la Naturaleza refleja la belleza del hombre (cúspide de la Creación) y ambos (Naturaleza y ser humano) reflejan la belleza de Dios.

Analizando sus muchas facetas…, háblenos un poco de otra de sus iniciativas, su celebrado programa de Excelencia Literaria, que tanta acogida tiene por cierto entre los jóvenes, en unos tiempos en los que no pocos desean una juventud desorientada y perdida en el hedonismo…

Excelencia Literaria está directamente unido a mi experiencia vital: escribí mi primera novela entre los diecisiete y los diecinueve años, por lo que enseguida descubrí que este es el oficio más bonito del mundo. Cuando pasó el tiempo y comencé a sumar novelas y colaboraciones en las tribunas de opinión de los medios, me di cuenta de dos cosas: la primera, que allí donde iba siempre me encontraba con un joven o un grupo de jóvenes que soñaban publicar sus escritos; la segunda, que la Literatura -como las demás ramas del árbol del Arte- está en manos de autores que no creen en la belleza de la vida, la grandeza del hombre y nuestra trascendencia. No quiero decir que no haya artistas con una cosmovisión cristiana, pero son la excepción. Considero que esto es inadmisible, porque solo quien busca la Verdad y la encuentra tienen cualidades para transmitir la belleza a los demás, de lo que la Historia del Arte está repleto de magnos ejemplos. ¿Qué sucede entonces con nuestro mundo? ¿Qué ha ocurrido a lo largo del siglo XX para que sean los artistas sin esperanza, aquellos que no buscan nada más allá de su autocontemplación o de su destrucción, los que lideren  cada una de las Artes, incluida la Literatura? Estas son algunas de las preguntas que lanzo a los alumnos que participan en Excelencia Literaria (www.excelencialiteraria.com), y es la base sobre la que trabajamos: como escritores, están moralmente obligados a transmitir valores humanos, virtudes que ayuden a sus lectores a ser mejores personas.

Volviendo a ‘El Arca de la Isla’: la ética, el eterno combate entre el bien y el mal que ya planteaba abiertamente en novelas como La Sangre del Pelícano, es otro gran hilo conductor; el Manantial de la Vida del relato bíblico del Génesis, por ejemplo, cobra especial protagonismo en la trama. Ante las amenazas y dilemas morales que rodean a los personajes, que bien los podríamos enfrentar nosotros en nuestra cotidianidad, ¿por qué optar por la participación frente al puro escapismo?

"Se puede y se debe luchar por un mundo mejor que nace"No quiero que nadie interprete mis palabras como apocalípticas, porque espero -junto a Juan Pablo II- la llegada de una “primavera” para la humanidad. Sin embargo, ya no nos corresponde vivir tiempos de escapismo sino mostrar a nuestros iguales que vivimos con una esperanza que es certeza: se puede y se debe luchar por un mundo mejor que nace, precisamente, de nuestro afán de ser mejores, a pesar de nuestras equivocaciones y limitaciones. A veces me pregunto cuántos héroes anónimos viven en mi ciudad, en mi provincia, en mi país..., y el corazón se me esponja. Parece que el paisaje que nos rodea es gris y triste, pero no es cierto: conviene traer a la memoria, por ejemplo, los recuerdos de la Jornada Mundial de la Juventud. Esos cientos de miles de jóvenes están hoy esparcidos por todo el mundo, trabajando por el bien y la felicidad de todos. Frente a esto, el escapismo se me queda viejo, vulgar, aburrido.

Siendo en principio una novela de aventuras que podría interpretarse como un homenaje a los grandes escritores del género, en ‘El Arca de la isla’ se tratan temas tan cruciales como el de una Ciencia que se endiosa a sí misma. ¿Una reivindicación de nuestra condición de criaturas, una defensa de la trascendencia?

Más bien una denuncia del posibilismoDenuncia al posibilismo. Fíjese qué de cosas hacemos en Occidente desde la soberbia de considerarnos por encima del bien y del mal: generamos vida en un laboratorio y acabamos con la vida incipiente en cualquier abortorio. Nos hemos proclamado diosecillos que manejan el comienzo y el final de la vida... Por tanto, no todo lo posible (porque tengamos dinero o conocimientos) nos conviene. Es más, hay ejercicios posibles de la ciencia que nos hacen muchísimo daño. La vida es un milagro demasiado vulnerable y sagrado como para jugar con ella, como para hacerla esclava de las emociones. Y con las emociones me refiero, por ejemplo, a toda esa gente que -con la mejor voluntad- se cree con “derecho” a ser padre o madre, y encargan un hijo a un científico que une óvulos y espermatozoides en una probeta. Fíjese qué sinsentido: es el científico el que decide cuáles son los embriones con derecho a desarrollarse y cuáles los que deben congelarse en una pajuela o destruirse. Y somos nosotros los que contemplamos el sinsentido de algún famoso homosexual que viaja a los Estados Unidos para “fabricar” unos hijos en un vientre de alquiler, como si estuviese cruzando un perro y una perra en el sueño de tener “cachorros”.

Junto a ello, temas tan actuales como los que atentan contra a la dignidad humana, y en concreto la manipulación de embriones, la clonación y la industria biotecnológica. Viendo nuestro hoy, la Historia se repite reproduciendo sus pasajes más negros, especialmente cuando se niega todo valor al primer derecho humano, la vida…

Estoy convencido de que un día despertaremos de este mal sueño. Hoy estamos adormecidos, acostumbrados a convivir con la cultura de la muerte, que no es sólo el aborto sino el desprecio a la “vida frágil”. Aunque el envoltorio sea más aséptico y sólo despierte sentimientos positivos, muchas de estas prácticas son eugenésicas, una búsqueda del hombre y de la mujer sin taras, lo que nos une, por desgracia, a la demencia nazi de crear una raza aria, sin mácula, superior: hombres y mujeres perfectos, guapos, exitosos, ricos... Sería necesario que algún psiquiatra nos contara cuáles son las consecuencias de buscar esta suerte de mundo ideal en el que, sin embargo, hay tantas víctimas. ¿Cómo se siente un adolescente que ha sido concebido en una probeta y no conoce la herencia genética de un padre o una madre donante? ¿Qué piensa una persona que sabe que algún laboratorio conserva embriones congelados a los que le unen lazos de hermandad? ¿Cómo afronta la vida alguien a quien la ciencia le ha puesto un padre y un padre, una madre y una madre, en un delirante paso hacia el vacío?

Sin embargo, los personajes más puros, como el joven Mario, se relacionan directamente con los más miserables, como el del coronel comunista sin escrúpulos. ¿Un mensaje a la esperanza o a la redención? Y que encontramos ¿dónde?

Antes comentaba que el hombre es -somos- la cúspide de la creación. El mundo tangible es nuestro legado, además de la esperanza de una vida eterna. Por eso me gustan los personajes que regresan a sus orígenes, aquellos que recuerdan de pronto que fueron niños y que, como niños, rezaban a su ángel de la guarda. Esta vida es breve, brevísima, para gastarla haciendo el mal, lo que apunta tanto nuestro anhelo del bien como nuestro afán de eternidad: no hemos sido creados solamente para pasar veinte, cincuenta, noventa años sobre la tierra. Y, en el fondo, todos lo sabemos.   Si no, ¿qué sentido tiene la manera con la que los enfermos se agarran a la vida?... Si tanto dolor es para ganar dos años más, sería un sinsentido. Por eso, a lo largo de nuestra existencia se presentan tantas ocasiones para bajar la cabeza y pedir perdón. Por eso, cada día hayamos muchos momentos para comenzar de nuevo. Y en ese perdón y en ese recomenzar se resume nuestra grandeza.